Ruido

Voy hacia el trabajo. En mis auriculares suena algo de música decente, un recopilatorio que debo haberme descargado o me habrán rulado por ahí. De camino me dedico a observar el rostro de la gente. Parecen ser autómatas inconscientes, bárboles dantescos que tuvieran en sus ramas encaramados a cientos de medianos que les repiten una y otra vez sus ficticios problemas y necesidades que la sociedad les implanta. “No tienes el último smartphone 3G”, “te toca la revisión de la hipoteca”, “Comprate el nuevo modelo con climatizador bi-zona” …

Pasan a mi lado sin ver, haciendo que el paisaje se vuelva gris y sombrío, pues una calida sonrisa y un amable saludo son el pincel y la paleta con la que pintar de color la vida. Desvío la mirada de la acera al asfalto. Decenas de gusanos enlatados en ruidosas máquinas que no cesan de contaminar el aire se apelotonan frente a los semáforos. Todos tienen cara agria, mirada asesina, a sus medianos particulares se les une el ruido de su maquinaria y las circundantes. No llego a entender como es que no se paran cinco minutos a disfrutar de la vida. Parece que tengan impuestas muchas obligaciones, pero una de ellas debería ser la de poder pausar su vida cotidiana. De vuelta a casa el mismo panorama, parece que sólo yo me dentenga a contemplar las nubes en el cielo y mirar como la brisa mece a los árboles, ¿ es que eso ya no es importante ?. No parece serlo, pues la gente pasa a toda velocidad a mi lado, llevando invisibles arneses que les impide alzar la vista un momento. En algún momento la sociedad les ha endosado un yugo por el cual malgastan la mitad de su vida trabajando para poder obtener desde la necesidad más básica al último capricho de turno. Y ese es el problema: Que la sociedad les dice que los caprichos son necesarios. Se esclavizan por falsa necesidad, sin pararse a pensar, sólo consumir, consumir, consumir!

Llego a casa y ni se me ocurre mirar el televisor. Si me asomo por un momento a esa tonta caja sólo veo mentiras: Desde bancos que se quieren hacer pasar por tu amigo hasta compañías de móviles que resuelven todas las miserias del mundo con una llamada. ¿En serio?. Aunque la base es la misma. Da igual si miras una película, una serie, un anuncio: Consume, consume, consume, no pienses, no pienses, no pienses, música, publicidad, anuncios!

Una de las pocas excepciones son los documentales. Son ventanas a otras sociedades, otras culturas, otros mundos. Veo como en un reportaje unas personas, que van semidesnudas, cantan, bailan y sonrien. No nos engañemos, su vida es dura y no disponen de comodidades que en nuestra sociedad son básicas. Pero tampoco tienen falsas necesidades que los anclan. Son amables entre ellos. Sus niños juegan juntos alegres, en vez de grabarse con su móvil última generación mientras se dan palizas. ¡Pobres negros, no tienen nada! comenta una voz cerca de mí. Entonces es cuando me siento como Winston Smith en 1984, parece que soy el único que ve un gran hermano opresor que nos miente, nos hace infelices y no nos deja ni pensar del ruido que produce.

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2 comentarios to “Ruido”

  1. dcpollas Says:

    Pensamientos profundos. Ya te he puesto en mi web con post y todo paque no te quejes.

  2. ¿Paseando? | Un Blog en Bolas Says:

    […] una referencia visual clara, si conduces por esas calles laterales hay que esquivar peatones que, tan grises como siempre, insultan por ir caminando ellos donde se supone que está el supuesto asfalto. Cojonudo, señor […]

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