Navidad

La navidad ya se acerca. Ese lapsus de tiempo en el que es obligatorio desear felices fiestas a todo el mundo, un próspero año nuevo, sonreír y cantar villancicos. Se celebra el nacimiento del niño Jesús y bla bla bla, bla bla bla.

Antes la palabra navidad significaba algo. Me refiero a uno de nuestros valores más olvidados en la actualidad: La familia. Durante aquellos días las familias se reunían. No, no es lo que hoy llamamos reunión familiar. Sin envidias, de manera sana, esperando reencontrarnos con familiares a los que durante el resto del año, por la circunstancia que fuera, se nos hacía dificil ver. Realmente se esperaba con ilusión los regalos de los reyes magos, el belén era algo fundamental y que no faltaran los típicos turroncitos y adornos. Eran navidades humildes pero sinceras, había “algo” que las hacía de verdad especiales e inolvidables. Las madres cocinando platos juntamente, los padres montando improvisadas timbas, compartiendo lo poco que había.

La humanidad lo altera todo, tarde o temprano. La navidad es ahora algo obsceno, algo pervertido. Nos portamos como auténticos hipócritas. Nos juntamos a mala gana con nuestra familia, gastamos sumas prohibitivas en alimentos “tipicos” -recordad que la tierra produce alimentos suficientes para toda la humanidad-, derrochamos un dineral en adornos, pijotadas y regalos. Se ha vuelto una oda al consumismo más obsceno, digna del mismísimo Slaanesh. Y al niño de hoy en día se le inundan de todo tipo de regalos que, seriamente, ¿ los valora ?

Las navidades comienzan cuando el pijo inglés lo dice. Y si lo dice el Pijo Inglés, lo dicen el Carrefull, el Cagalcampo y hasta la charcutería de mi barrio. En éstos tiempos de “solidaridad” el primer mundo derrocha una cantidad ingente de electricidad en ostentosas iluminaciones y otro tipo de inutilidades básicamente comerciales, se crean ingentes cantidades de productos nocivos para los plásticos y derivados que envuelven desde los carísimos juguetes a esos supravalorados “alimentos navideños”, los bosques sufren una brutal tala para que ningun niñito se quede sin sus kilos de papel de regalo, envoltorios y adornitos navideños, que luego en 20 días terminan en la basura -y ni siquiera en la correcta para que al menos se puedan reciclar-. Las fabricas del tercer mundo sobreexplotan a sus empleados con jornadas dantescas, que bien podrían ser extraidas de los tiempos de peor esclavitud, para que todos tengamos nuestros regalitos disponibles.

Sus efectos más adversos se viven en los paises menos desarrollados. Ahí los niños continuan siendo violados, explotados y maltratados mientras nosotros engullimos nuestra cena y brindamos con nuestro cava, nos tomamos “doce uvitas de la suerte” mientras miramos un reloj, y ooooh, que de besos, y abrazos, y apretones de manos cuando llega la última campanada, y pásame otro Ferrero Roché, fabricado con chocolate que ha sido recogido por alguien que trabaja 18 horas diarias y seguramente tiene doce años. La droga se sigue produciendo, y millones de prostitutas infantiles satisfacen a degenerados que se quieren pegar el festín. Pero eeey, pásame otro cachito de Suchard.

Y es que a día de hoy, cada vez que oigo “Feliz navidad” me entran arcadas. Espero que ahora entiendas el porqué.

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Una respuesta to “Navidad”

  1. [COLDMAN] Says:

    feliz navida para todos!!!!!!!! pero que puedes esperar de una sociedad que sin saberlo se ha dejado seducir por un dios del caos… en fin pronto llegara el dia en que todo acabara dejemos que disfruten ahora por que luego sufriran

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