Desturronar

Tras el ágape navideño y el combate de karate a muerte en torremolinos por los trapitos rebajados, llega la gran nueva preocupación de moda: Desturronar lo turronado.

Cuando comienzas a notar que tu polla queda oculta por un incipiente bulto estomacal, o el carpintero te toma la medida de tu cintura para poder realizar la mesa camilla perfecta, es cuando notas que necesitas desturronar. Se vuelve tu gran preocupación, ya que dentro de nada el Pijo Inglés dirá que es verano y habrá que comprarse los ultimísimos modelitos veraniegos, que tanto se asemejan a los que llevaban tus padres cuando eran jóvenes pero que curiosamente no cuestan lo mismo.

Ésta época es en la que los nutricionistas, gimnasios y vendedores de productos “adelgazantes” hacen su agostazo particular. De hecho, sostengo la teoría de que los que fabrican los turrones y las barritas de adelgazar son los mismos: En navidad te engordan como un pollo para que el resto del año pagues tu cuota de “mierda con un 50% menos de grasa “. Porque realmente el problema básico de enturronar consiste en la mierda que comemos. Porque comemos mierda. Y si no fíjate que cualquier cosa trae como ingrediente algunos de esos componentes que comienzan por “E-“, o se llaman “lo-que-sea-terminado-en-ante”, o contienen “trazas de…”. Hacen que cualquier plato tradicional hindú que incluya gusanos o escarabajos sea potito casero para bebés. Y ni contarte los “fastfood” y similares, otro gran aporte amierdicano al mundo.

Encima te vienen con el chiste de que en los países desarrollados hay demasiado gordo, que hay que hacer deporte -claro, después de tenernos ocho o diez horas encerrados currando uno tiene unas ganas de hacer quince kilometros a footing que no veas-, y que uno debe cuidar más la alimentación. Curiosamente eso último te lo suelen decir al intentar venderte cualquier mierda con menos de grasas de nosequé o con aceites de no se cuanto.

Quizá la gracia de todo ésto radica básicamente en dos cosas: Primera, la tierra fabrica alimento de sobra para toda la población mundial. Alimento de verdad sin “gasificantes” ni “E-suputamadre”, aunque a nosotros se nos cobre a precio desorbitante. Y segunda, que gracias al egoísmo humano hay lugares en el mundo en el que debido a la guerra y la pobreza, que siempre van de la mano, éstas cosas del desturronar no preocupan demasiado. Feliz régimen. O no.

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